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miércoles, 20 de mayo de 2015

Procrastinación



Para hablaros de esta palabreja os voy a poner antes unas frases, a ver si os suenan, ¿de acuerdo? 
  • "Aún queda una semana para el examen, tengo tiempo todavía, mañana me pongo a estudiar"
  • "Tengo que empezar a hacer ejercicio, pero ya si eso empiezo el lunes que es el primer día de la semana
  • "Tengo que preparar la reunión, pero voy a llamar primero a mi amigo a ver que se cuenta, no pasa nada porque me despeje un poquito"
  • "En cuanto se acabe este programa de TV me pongo a hacerlo".
¿Alguna os resulta familiar? Esto es lo que llamamos procrastinación: aplazar o posponer una actividad que no nos gusta o nos da pereza realizar, sustituyéndola por otra más agradable o simplemente sin importancia.



Al evitarlas recurrimos al autoengaño: "no se va a acabar el mundo porque lo retrase un día" y esto produce un estado momentáneo de tranquilidad que, a la larga, se convierte en todo lo contrario, puesto que después llega la culpabilidad y la frustración porque en el fondo sabemos que no estamos haciendo lo correcto y hemos perdido el tiempo. También causa estrés y ansiedad porque al final se acumula una lista de tareas por terminar que vas arrastrando con el tiempo, o por tener que realizar a última hora esa tarea que llevas aplazando días o semanas. Esto al final se convierte en un bucle del que hay que salir si queremos acabar con ese malestar.
Aquí van algunos consejos para poder enfrentarse a ella:
  1. Pon día y hora para empezar dicha tarea.
  2. Detectar el autoengaño: hemos dicho antes que para dejar de hacer esas actividades recurrimos a esto y ponemos excusas para no realizarlas. Cuando lleguen esos pensamientos de "empiezo mañana", "cuando acabe la serie"… no caigas en la trampa, ya sabes que ese es el primer paso para entrar en el bucle y sabes lo que va a pasar después.
  3. Organiza la tarea y divídela en pequeños pasos, de esta manera, cada pequeño paso que cumplas te motivará para realizar los siguientes y, al final, terminarla.
  4. Elimina cualquier distracción para evitar tentaciones: móviles, internet, redes sociales…
  5. Prémiate al finalizar dicha tarea: la satisfacción de haber realizado la tarea ya es un premio en sí, pero a pesar de ello no está de más que te refuerces dándote algún capricho como realizar alguna actividad que te gusta mucho, por ejemplo. Esta sensación tan agradable te ayudará a vencer la procrastinación en futuras tareas.

Recuerda que la dificultad está en empezar, una vez has saltado esa barrera y te has puesto manos a la obra, lo siguiente es más llevadero.
Feliz día!!

martes, 12 de noviembre de 2013

¿Las personas podemos cambiar?



A menudo escuchamos cosas como: "Yo soy así y no puedo cambiar", "ya soy muy mayor para cambiar", pero lo cierto es QUE SÍ PODEMOS.
Si os paráis a pensar, os daréis cuenta de que no somos iguales que hace unos años, hemos cambiado de opinión sobre muchas cosas con el paso del tiempo, nuestros sentimientos, nuestra forma de actuar han cambiado. Es posible que conozcáis a alguien que, a raíz de un acontecimiento en su vida (bueno o malo), ha cambiado por completo ("desde que le ocurrió aquello no parece el mismo"). Hay personas que después de sufrir un ataque al corazón, por ejemplo, valoran de forma diferente la vida y se centran en disfrutarla más, cuidarse, hacer deporte… se produce un cambio en esa persona que, probablemente, si no hubiera tenido ese ataque, no se lo habría planteado.

¿Con todo esto que quiero decir? Que nuestra forma de ser es, fundamentalmente, el resultado de nuestras vivencias, experiencias e interacciones con el mundo que nos rodea que se han producido a lo largo de nuestra vida, sobre todo en los primeros años. Hemos aprendido a comportarnos de esa forma e, igual que lo hemos aprendido, lo podemos desaprender y sustituir ese comportamiento por otro más positivo.

A todo esto hay que añadir también nuestros pensamientos, creencias y juicios. ¿Se pueden cambiar los pensamientos? Por supuesto que sí. Cualquier pensamiento puede ser cambiado. Una persona pesimista puede dejar de serlo si cambia su forma de pensar.

Pero… ¿cómo se cuando debo cambiar? ¿Y qué debo cambiar? Todos tenemos nuestros defectos y nuestras virtudes. Lo que debe marcar ese cambio es la manera en la que repercute en tu vida. Si esa forma de actuar, si ese comportamiento está afectando a tu vida de manera notable impidiéndote que seas feliz o afecta a los tuyos (familia, pareja, hijos…).

El cambio terapéutico consiste en modificar sólo aquella parte de nosotros que nos hace daño, aprendiendo nuevas conductas más sanas y útiles para manejar ciertas situaciones que te resultan difíciles. Tu personalidad permanecerá, sólo habrá cambiado aquello que te imposibilita ser feliz como determinados pensamientos irreales, conductas que son poco eficaces para conseguir lo que quieres, etc. No te sentirás otra persona, sino al contrario, serás más tu mismo al eliminar aquellos problemas que no te dejaban ser feliz contigo mismo y con los tuyos.

Pero para que se produzca ese cambio, primero ha de ocurrir algo imprescindible: QUERER CAMBIAR y estar dispuesto a realizar todo el esfuerzo que ello conlleva para que, poco a poco, te hagas feliz a ti mismo y a todas esas personas que están a tu alrededor.

Feliz día!

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